Graziano da Silva

Graziano da Silva

Graziano da Silva: “La Segib puede contribuir a prevenir la subalimentación y la obesidad”

 

Fotografía: EFE/Álex Cruz
Texto: Macarena Soto

José Graziano da Silva nació el 17 de noviembre de 1947 en Estados Unidos pero pronto se marcharía a Brasil con sus padres. En São Paulo creció y se hizo agrónomo, para años después diseñar el programa Hambre Cero que sacó a millones de brasileños de la pobreza.  Es el actual secretario general de la FAO.

Hijo de migrantes italianos, la vida de Graziano da Silva podría confundirse con la de cualquier otro paulistano si no fuera porque su terquedad en la lucha contra el hambre le convirtió en uno de los hombres clave del progreso brasileño y le convenció de que esta batalla no es imposible de ganar.

“Creo que debemos reclamar a nuestros dirigentes que sitúen la lucha contra el hambre en lo más alto de la agenda política de cada país, sin miedo a que nos llamen idealistas, o incluso locos”, asegura Da Silva, secretario general de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura desde 2012.

Se muestra seguro de que erradicar el hambre “es posible” y de que se trata de una cuestión de voluntad política: “se trata de querer hacerlo. No debemos olvidar que la alimentación es un derecho humano fundamental”.

“Nuestro planeta produce alimentos suficientes para alimentar a todos y, sin embargo, aún hay casi 800 millones de personas que pasan hambre y más de 2.000 millones con sobrepeso”, analiza Da Silva, quien apunta a que “esto nos demuestra que nuestros sistemas alimentarios son, además de poco eficientes, altamente desiguales”.

En ese sentido, explica que “alrededor de un tercio de los alimentos producidos en el mundo para consumo humano (unos 1.300 millones de toneladas anuales), se pierde o desperdicia”, hecho que se convierte en “una expresión de esta ineficiencia”.

Asimismo, recuerda que “la mayoría de las pérdidas” se dan “en los países en desarrollo o a lo largo de la cadena de suministro antes de llegar al consumidor” y, sin embargo, “la mayor parte de desperdicios se produce en los países desarrollados tras la compra”.

“Algo sencillo que todos podemos hacer como consumidores es interesarnos por aprender e informarnos sobre elecciones de consumo más responsables y más justas”, sugiere al respecto.

Da Silva sabe que luchar contra el hambre es una batalla ardua pero ni mucho menos imposible. Con la victoria del presidente Luis Inácio Lula da Silva en 2003 en Brasil, el proyecto Hambre Cero, del que Graziano fue ideólogo, elaboró un sistema de políticas sociales y económicas que sigue dando oportunidades a millones de brasileños.

Su paso por la dirección del Ministerio Extraordinario de Seguridad Alimentaria y de Combate al hambre le acercó aún más a la miseria de un Brasil por entonces mucho más desigual y una dirección política que insistía en que “un único brasileño con el plato vacío es suficiente para avergonzar a toda la nación”.

Su llegada a la FAO le permitió ampliar el mapa geográfico y conocer de buena mano toda la región iberoamericana, donde América Latina despunta por su compromiso para acabar con la pobreza de sus ciudadanos.

En esa línea, Da Silva celebra que los gobiernos latinoamericanos asumieran “el compromiso político de no sólo reducir el hambre, sino erradicarla por completo el año 2025”. “Un objetivo impulsado por la región de forma pionera desde el año 2005 en el marco de la Iniciativa América Latina y el Caribe sin Hambre, y que contó con el apoyo de la cooperación española desde su inicio”, añade.

“Los gobiernos están atacando tanto las causas subyacentes del hambre como sus focos más agudos, fortaleciendo todas las dimensiones de la seguridad alimentaria, disminuyendo el desperdicio alimentario, estimulando la agricultura familiar y el comercio intrarregional”, valora.

Pese a ello, Da Silva alerta de que “aún queda camino por delante”, porque aún “34 millones de hombres, mujeres, niñas y niños siguen viviendo con hambre” en la región latinoamericana, sumado a “un problema de salud pública relacionado con las elevadas cifras de sobrepeso y obesidad”.

“En la actualidad se estima que el 7,2% de los menores de 5 años presentan sobrepeso, y el promedio de obesidad entre los adultos se sitúa en torno al 22,8%”, critica, aunque reconoce que “algunos países han hecho progresos en este sentido y han abordado de forma contundente la lucha contra la obesidad infantil”.

Sobre el papel que organismos multilaterales como la Secretaría General Iberoamericana (Segib) pueden llevar a cabo para erradicar el hambre, el brasileño asegura que Segib puede “aportar su experiencia para fortalecer” las iniciativas de otros organismos que actúan directamente en esta materia.

“La Segib puede seguir contribuyendo a la cooperación iberoamericana en educación promoviendo la inclusión de contenidos de alimentación saludable y nutrición, que permitan crear hábitos que se mantienen a lo largo de la vida y que previenen tanto la subalimentación como la obesidad”, asegura.

Además, el secretario de FAO resalta “el gran potencial” de la Cooperación Sur-Sur y triangular que fomenta el intercambio de recursos, tecnología y conocimiento entre países en desarrollo y en la que Iberoamérica es pionera y líder a nivel mundial.

“Queda aún mucho por hacer y por eso es necesario que se forjen alianzas más amplias e innovadoras. Los países del Sur ofrecen una infinidad de soluciones de desarrollo, conocimientos, experiencia, políticas innovadoras y tecnología, y desean aprender unos de otros”, piensa.

A su juicio, este tipo de cooperación “no sustituye a la Norte-Sur”, pero sí “ofrece un modelo de desarrollo complementario”: “ha demostrado ser rentable y se rige por el principio de solidaridad, particularmente importante entre los países que cuentan con mayor experiencia reciente para afrontar los retos comunes de desarrollo”.

“Según el informe sobre Desarrollo Humano 2014, los países del Sur producen la mitad del crecimiento económico mundial y representan el 47 % del comercio mundial, del cual cerca de la mitad se realiza entre países del Sur. Queda claro que la Cooperación Sur-Sur está aquí para quedarse”, apostilla.