José Narro

José Narro

“Somos un conjunto de naciones orgullosas de nuestra identidad iberoamericana”

Fotografía: EFE/J.L Cereijido
Texto: Macarena Soto

José Ramón Narro Robles nació el 5 de diciembre de 1948 en la Ciudad de México. Médico cirujano de formación y con estudios de medicina comunitaria, fue rector de la Universidad Nacional Autónoma de México entre 2007 y 2015. En 2016, tras dirigir la “casa de estudios de América Latina”, fue nombrado Secretario de Salud de México.

El mayor de ocho hermanos e hijo de un médico, José Narro se fijó en la medicina y su poder de “servicio”, “desde que tuvo consciencia”, y desde ahí “muchas cosas pasaron” hasta convertirse en rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, “uno de los más altos honores” a los que ha aspirado el actual secretario de Salud mexicano.

“Yo soy nada más uno (de los rectores), para mí fue uno de los más altos honores a los que he podido aspirar, una gran distinción y una inmensa responsabilidad de tratar de coordinar los esfuerzos de una universidad tan grande”, cuenta Narro en su despacho de la Ciudad de México.

Nacido en Saltillo (Coahuila) en 1948, pronto se fue a la capital mexicana para comenzar sus estudios de medicina en la misma universidad de la que casi 40 años después sería el máximo responsable.

De la UNAM salió como médico cirujano y se trasladó a Reino Unido para especializarse en medicina comunitaria, relacionada con la atención primaria, rama con la que, según Narro, se puede ganar “el cariño de las familias, de las comunidades y de la población”.

FORMACIÓN Y DESIGNACIÓN

“Muchas cosas pasaron” hasta que el médico se hiciera rector de la “Casa de estudios de América Latina”, entre ellas “muchos años de distancia” entre su formación y su designación, los estudios en el extranjero y el regreso a México, así como su “incursión en temas de salud” que le permitió moverse entre la educación y la medicina.

Fue entonces cuando comprendió “la importancia que tiene la educación, la superior en lo particular, y cómo puede contribuir esa tarea al desarrollo de una sociedad”.

“Fue un trabajo intenso de muchos años de enseñanza, con algunas experiencias dentro de la propia universidad, con cargos y con responsabilidades y después de este largo periplo, 34 años más tarde soy designado rector”, rememora.

En 2007, José Narro Robles se convirtió en el 43º rector de la tercera universidad más antigua de América Latina: “por cédula real, somos los terceros por detrás de la de Santo Domingo y la de San Marcos (de Perú), pero somos realmente la que primero empieza a funcionar”, puntualiza.

Una universidad configurada a día de hoy “por más de 415.000 personas”, según explica el secretario mexicano, entre los que hay “cerca de 345.000 estudiantes, unos 30.000 trabajadores administrativos y casi 40.000 trabajadores académicos”.

“Tenemos una enorme comunidad universitaria con gran pluralidad”, asegura el ex rector que aún habla con orgullo de haber pasado por un puesto de gran visibilidad e influencia en el Estado mexicano.

A su juicio, “ser rector es algo simplemente extraordinario” que “se tiene que vivir con una gran intensidad, se tiene que disfrutar, y también se tiene que sentir el peso de la responsabilidad por lo que representa y lo que se espera de una tarea como esa”.

Patriota y orgulloso de sus orígenes, se declara iberoamericano, identidad que defiende y de la que dice que tiene “grandes posibilidades” de mejora si se crean más lazos y relaciones de los que ya existen.

NUEVOS RETOS DE LAS CUMBRES IBEROAMERICANAS

Las relaciones “son buenas y deben ser mejores”, analiza para asegurar que “hay muchas cosas que se pueden hacer” desde la comunidad iberoamericana y su máximo órgano de representación, las Cumbres iberoamericanas.

“Yo he insistido desde hace años en la conveniencia de lo que se ha venido conformando como un espacio común en términos de educación superior” para que “se pudiera concretar en un gran proyecto tipo Erasmus de Iberoamérica”, explica ante la iniciativa de la Secretaría General Iberoamericana de crear un programa de movilidad académica para la región.

Considera que “ahí hay potencial enorme”, en “las posibilidades de la cultura común que nos identifica, de una lengua que es el español y una muy cercana que es el portugués, de costumbres y formas de ser, de entendernos, de problemas comunes que tenemos que nos hacen tener grandes posibilidades para fortalecer esa relación”.

“Con toda franqueza diría que hay muchas posibilidades, que ya se ha hecho, se ha avanzado, hay muy buenas relaciones, tenemos grandes experiencias y me entusiasma el mandato que se tiene en Segib para poder impulsar ese proyecto que uniría mucho al mundo iberoamericano y le serviría mucho a nuestra juventud”, añade.

En referencia a las Cumbres iberoamericanas, considera que “el mecanismo de concentración entre naciones de identificación de temas y asuntos ha sido muy útil” y cree que es una herramienta que “nos ha dado sentido de región”.

Una región, a su juicio, “articulada incluso por un océano, que no nos divide sino que nos articula y nos une y por toda esta serie de temas y asuntos sobre todo de cultura y la ciencia que nos pueden plantear problemas comunes y darnos soluciones comunes”.

“Ahí hay un avance y, si se encuentran proyectos concretos para ir avanzando, va a ser de enorme utilidad”, predice al mismo tiempo que apunta a algunos “problemas que tienen nuestras sociedades” como el de salud “que cada vez es más global y no admite fronteras”.

Directo en sus afirmaciones, comparte que “las naciones deberían plantearse con un enorme compromiso, con metas y acciones concretas el combate a la desigualdad” y puntualiza       que “nuestra región es muy desigual” pero tiene potencial “para avanzar”.

Asimismo, el ex rector considera que esta región “extraordinaria”, con una “gran cultura”, goza de “grandes oportunidades” y “grandes posibilidades en muchos sentidos”.

“España y Portugal son parte de esa gran cultura que se desarrolla alrededor del Mediterráneo que hizo aportaciones extraordinarias, y en América latina somos depositarios de dos de las civilizaciones originarias, la de los mesoamericanos y los incas”, reflexiona.

Además, señala que “tenemos la demografía a nuestra favor”, pero también “una enorme biodiversidad” con “un capital natural extraordinario que hay que preservar, pero que al mismo tiempo puede ser aprovechado de muchas maneras”.

Se muestra convencido de que “somos un conjunto de naciones orgulloso de esa identidad iberoamericana en muchos sentidos, somos una región que ha desarrollado formas democráticas, que defiende principios esenciales, la libertad, la solidaridad, la honestidad y el trabajo”, enfatiza.

“Somos una región que efectivamente teniendo problemas, tenemos grandes posibilidades que se abren para que los jóvenes puedan tener nuevas conquistas y nuevos desarrollos.